miércoles, 5 de noviembre de 2014

Pastoral Juvenil


TEMA DEL AÑO:

“Un pueblo en misión, abierto al diálogo, que fomenta la fraternidad en la sociedad”



¿Que es la Pastoral Juvenil?

LA PASTORAL JUVENIL: es la acción organizada de la Iglesia a favor de los adolescentes y jóvenes, presentes en la comunidad parroquial, para propiciar que asuman los valores del Evangelio como fruto del encuentro con Jesucristo y que vivan un proceso de toda la vida, en continua conversión y maduración personal y comunitaria, que los lleve a la comunión y a la solidaridad, para transformar su propia historia y la de la humanidad, difundir el Evangelio, transformar las estructuras sociales, construir la civilización del amor y alcanzar la santidad.




«Joven, a ti te digo: ¡Levántate!»               
                 (Lc 7, 14c)
     







Destinatarios y diferenciación
La Pastoral Juvenil no es sólo el conjunto de acciones a favor de los grupos presentes en la Parroquia, comprende los planes y las acciones a favor de los adolescentes y jóvenes que viven en el territorio parroquial y que quizá están alejados de la Iglesia, tienen actitudes contrarias a ella o la rechazan o viven en situaciones críticas.

  1.  Destinatarios
Los tipos de destinatarios de la Pastoral Juvenil de la Parroquia son básicamente los jóvenes que:
a) participan en grupos, movimientos y coros.
b) asisten a las misas pero no participan en ningún grupo parroquial.
c) bautizados no asisten a su parroquia, que afirman ser católicos no practicantes y viven, estudian (Pastoral Juvenil Universitaria), trabajan (Pastoral Juvenil Obrera) o se dedican a otras actividades dentro del territorio parroquial.
d) viven «otras espiritualidades», que no se acercan a la Parroquia y han cambiado de religión y están en grupos de hermanos separados, tienen ideas confusas sobre la religión (esotéricos, satánicos, etc.), rechazan cualquier religión o se declaran enemigos de la Iglesia Católica.
e) viven situaciones críticas, a los cuales se les deberá acompañar con ayuda de otras instancias especializadas en su problemática.

    2.      Pastoral Diferenciada

La Pastoral Juvenil ha de ser diferenciada, tomando en cuenta la edad de los participantes y sus diversas realidades.
a) Pastoral diferenciada por edades debe de ser de adolescentes y de jóvenes.
b) Pastoral diferenciada por realidades:
  • Pastoral de Grupos Parroquiales
  • Pastoral de Coordinadores de grupos juveniles parroquiales
  • Pastoral de adolescentes
  • Pastoral de Universitarios
  • Pastoral de jóvenes que trabajan
  • Pastoral de Movimientos para adolescentes y Jóvenes
  • Pastoral de Jóvenes en proceso de catecumenado
  • Pastoral de Acólitos
  • Pastoral de Quinceañeras
  • Pastoral de Grupos Musicales Parroquiales Juveniles

3. Agentes de Pastoral Juvenil Parroquial 

3.1 Características de los Agentes de Pastoral Juvenil 

 3.1.1 El asesor: es una persona cristiana madura llamado por Dios para ejercer el ministerio de acompañar en nombre de la Iglesia los procesos de educación en la fe de los jóvenes.

Características: Es una persona, (sacerdote o laico) que ha vivido un proceso de crecimiento, que vive el seguimiento de Jesús, que conoce, ama y sirve a la Iglesia, se sabe enviado a todos los jóvenes, conoce la pedagogía porque es un educador, es una persona encarnada en su realidad y procura ser un actor social. Su función es a nivel de la dirección y orientación. Es conveniente hacer la distinción entre Asesor Nato y Asesor Delegado.

a) El Asesor nato: en cuanto imagen del Buen Pastor, es el sacerdote, en particular en cuanto está al frente de una parroquia o de un grupo o pastoral juvenil. El Párroco es el Asesor Nato de la Pastoral Juvenil en su comunidad pero puede tener un auxiliar (vicario).

b) El Asesor Delegado: es el vicario, en la organización y conducción de la Pastoral Juvenil Parroquial.

3.1.2 El animador: es un (a) joven, nombrado (a) por el párroco y que asume como función primordial, ser enlace entre el asesor y los coordinadores de los grupos juveniles para motivarlos, integrarlos y ayudarles a crecer en un proceso comunitario a través del trabajo en equipo propio de la Pastoral Juvenil Parroquial. Su función es a nivel de la planeación.

Características: Es una persona que tiene conocimiento de la realidad juvenil, capacidad de cercanía, actitud positiva de apoyo y colaboración, facilidad para la relación personal, una madurez, una relación personal con Dios y un cierto recorrido en el camino de la fe.

3.1.3 El coordinador: es una persona que asume su protagonismo en la Pastoral Juvenil participando en la programación, organización y realización de las actividades de un grupo, es quien está al frente de un grupo de jóvenes y lo conduce para que realice de la mejor manera la finalidad para la que fue creado. Su función es a nivel de la coordinación y ejecución. Con los integrantes de su grupo programa acciones concretas en tiempos determinados.

Características: Es una persona con proyección de liderazgo, que está inmersa en un proceso juvenil de educación en la fe y de madurez; empieza a vivir la pedagogía de la acción, hace vida lo que aprende, es democrática y amable en su trato con el grupo juvenil; sabe escuchar, relacionarse y dialogar con animadores y asesores.

Tiene claros los objetivos del grupo y de la finalidad para la que fue creado y se esfuerza porque sean alcanzados por todos los integrantes del grupo. Además promueve el constante crecimiento del grupo en cantidad y calidad. Cuida la formación integral de los miembros de su grupo, delega funciones, promueve liderazgos y capacita a quienes le han de suplir en 2 ó 3 años.

Dimensiones de la Pastoral Juvenil Parroquial
 El documento de Aparecida (n. 280) ilustra la visión integral del ser humano. La formación, por tanto, abarca diversas dimensiones que deberán ser integradas armónicamente a lo largo de todo el proceso formativo. Se trata de la dimensión humana comunitaria, espiritual, intelectual y pastoral-misionera.

4.1 La dimensión Humana y Comunitaria
Tiende a acompañar procesos de formación que lleven a asumir la propia historia y a sanarla, en orden a volverse capaces de vivir como cristiano en un mundo plural con equilibrio, fortaleza, serenidad y libertad interior. Se trata de desarrollar personalidades que maduren en el contacto con la realidad y abiertas al Misterio.

4.2 La dimensión Espiritual
Es la dimensión formativa que funda el ser cristiano en la experiencia de Dios, manifestado en Jesús, y que lo conduce por el Espíritu a través de los senderos de una maduración profunda. Por medio de los diversos carismas, se arraiga la persona en el camino de vida y de servicio propuesto por Cristo, con un estilo personal.

4.3 La Dimensión Intelectual
El encuentro con Cristo, Palabra hecha carne, potencia el dinamismo de la razón que busca el significado de la realidad y se abre al Misterio. Se expresa en una reflexión seria que capacita al discernimiento, el juicio crítico y el diálogo sobre la realidad y la cultura.

4.4 La Dimensión Pastoral y Misionera
Un auténtico camino cristiano llena de alegría y esperanza el corazón y mueve al creyente a anunciar a Cristo de manera constante en su vida y en su ambiente. Contribuye a integrar evangelización y pedagogía comunicando vida y ofreciendo itinerarios pastorales acordes con la madurez cristiana, la edad y otras condiciones propias de las personas o de los grupos. Despierta una inquietud constante por los alejados y por los que ignoran al Señor en sus vidas.

5. Proceso de Pastoral Juvenil Parroquial

5.1 El encuentro con Jesucristo
Este encuentro debe renovarse constantemente por el testimonio personal, el anuncio del kerigma y la acción misionera de la comunidad. El kerigma no sólo es una etapa, sino el hilo conductor de un proceso que culmina en la madurez del discípulo de Jesucristo. Sin el Kerigma, los demás aspectos de este proceso están condenados a la esterilidad, sin corazones convertidos al Señor. Sólo desde el Kerigma se da la posibilidad de una iniciación cristiana verdadera.

5.2 La conversión
Esla respuesta inicial de quien ha escuchado al Señor con admiración, cree en Él por la acción de Espíritu, se decide a ser su amigo e ir tras Él, cambiando su forma de pensar y de vivir, aceptando la cruz de Cristo, consciente de que morir al pecado es alcanzar la vida.

5.3 El Discipulado
La persona madura constantemente en el conocimiento, amor y seguimiento de Jesús Maestro, profundiza en el misterio de su persona, de su ejemplo y de su doctrina. Para este paso, es de fundamental importancia la catequesis permanente y la vida sacramenta, que fortalecen la conversión inicial y permiten que los discípulos misioneros puedan perseverar en la vida cristiana y en la misión, en medio del mundo que los desafía.

5.4 La Comunión
No puede haber vida cristiana sino en comunidad: en las familias, las parroquias, los grupos y movimientos juveniles. Como los primeros cristianos, que se reunían en comunidad, el discípulo participa de la vida de la Iglesia y en el encuentro con los hermanos, viviendo el amor de Cristo en la vida fraterna solidaria.

5.5 La Misión
El discípulo, a medida que conoce y ama a su Señor, experimenta la necesidad de compartir con otros su alegría de ser enviado, de ir al mundo a anunciar a Jesucristo, muerto y resucitado, a hacer realidad el amor y el servicio en la persona de los más necesitados; en una palabra, a construir el Reino de Dios.

Conclusión
Es el encuentro con Jesús el que permite que haya un cambio en la persona, para que ésta entre en un camino de crecimiento que le permita ser parte de la comunidad, y desde esta nueva realidad pueda incidir en el mundo con la fuerza de Cristo.

Hoy día, la juventud es la llamada a transmitir el evangelio de la vida, la encargada de hacer presente la nueva vida de Cristo el Señor.
Conocer a Jesucristo por la fe es nuestro gozo; seguirlo es una gracia, y trasmitir este tesoro a los demás es un encargo que el Señor, al llamarnos y elegirnos nos ha confiado. Con los ojos iluminados por la luz de Jesucristo resucitado, podemos y queremos contemplar al mundo, a la historia, a nuestro estado, a nuestra parroquia y a cada una de sus personas.

Es necesario que los jóvenes, bien formados en la fe y arraigados en la oración, se conviertan cada vez más en los apóstoles de la juventud. La Iglesia espera mucho de ellos. Por nuestra parte, hemos manifestado con frecuencia la confianza que depositamos en la juventud.

Es un medio que se utiliza para llevar a los jóvenes a un encuentro personal con Jesucristo, para que transformados en hombres nuevos, e integrando su fe y su vida, se convierten en protagonistas de la construcción de la Civilización del Amor.